sábado, 24 de noviembre de 2018

La tierra del conquistador


Bienvenido conquistador de las tierras del hombre
Comerciante de almas de los cuatro puntos
Heredero de las arenas y un par de ríos
Bien sabes que el mar traerá consigo tu perdición
porque a nada temes y la muerte será tu premio

Olvida los fracasos de tu corta vida
Pronto todo eso valdrá menos que nada
y te arrepentirás por las sendas no andadas
pues te habrás curado de las llagas
en los cielos que fueron mis testigos

Verás a tus hijos tomar un lugar en la historia
luego oirás tronar tus huesos, con cálida agonía
Y te vas a apagar, te lo prometo
Pasadas las medias noches de tus últimos días
serás visitado por tus vasallos y princesas

Quien te viera ahora mismo, conquistador
temería por su vida y su descendencia
Pero yo veo tu frágil mortalidad palpitar
y mis vientos ya no serán tu refugio
Tengo miedo por ti, hombre.




MACF
11/May/15


Foto: El Tajín - Veracruz 2010

jueves, 22 de noviembre de 2018

#138



Lázaro se quedó largo rato viendo la foto, incluso al despegar poco le había importado la vista de la ciudad que dejaba atrás y aunque esto no es obligación de quien pide la ventanilla a él siempre le había fascinado la escena de ver encogerse los edificios de la capital.
El sujeto a su derecha llevaba rato observando sus movimientos, era un hombre serio de unos cincuenta, a Lázaro le parecía haberlo visto en otros lugares, incluso en otros tiempos, tal vez algún viejo encargado de los almacenes donde solía trabajar.
Se guardó la foto con recelo una vez que se empezó a sentir incómodo por la mirada del hombre quien parecía querer memorizarla.
-¿Su esposa? -preguntó con una voz rasposa.
-Lo fue – respondió Lázaro
-Es muy bella y usted parece seguir enamorado ¿Va a verla? -El hombre sonreía de manera gentil, al parecer a la gente mayor le gusta ver amores de jóvenes indecisos.
-Algo así –susurró.
-Disculpe me entrometa, es solo que usted me recuerda a mí, justo en esa edad estaba separándome de mi esposa -ajustó el cuerpo al asiento con intenciones de comenzar una larga anécdota de su pasado, a lo que Lázaro interrumpió de manera tajante:
-Ha muerto, nos separamos hace un par de años y voy a su entierro.- dijo.
-Así hubiera sido más fácil, supongo -
Ambos se miraron un instante, un esbozo de sonrisa se dio en ambos y no se dijo nada mas durante el viaje.

martes, 13 de noviembre de 2018

MIA


"Guanajuato es una ciudad perfecta para la juventud, el café, el arte y la vida nocturna; mi amigo nos presentó con una botella de vino y el resto es mi vida entera.”  
D. 






lunes, 12 de noviembre de 2018

Rinoceros

Conocí a Lorenzo en la universidad, impartía las clases de historia y comercio, un hombre ya entrado en años, de carácter explosivo y con porte de soldado; espalda recta, hombros alineados, frente en alto. Años después nos volvimos a encontrar trabajando para una dependencia de gobierno dedicada a la conservación de patrimonio cultural, a lo que nuestra relación se volvió mas cercana, pero siempre conservando la jerarquía de niveles por el gran conocimiento que el aportaba a las investigaciones. Aprendí tanto como pude de el y en el proceso nos volvimos cercanos, Lorenzo vivía con su hermana mayor, nunca la conocí hasta el día de su muerte, que si bien parecería normal en alguien de avanzada edad me sorprendió el verla ahí, recostada e inmóvil, con un rostro gentil y apenas algunas arrugas, sin canas, bien podría pasar por una mujer de treinta y tantos.


-Ella se ha ido, y pronto me tocará a mi- me dijo Lorenzo a solas tras el entierro, lo había llevado a casa, no tenía mas familia, un solitario viejo en mi auto hablando de su muerte, la situación me conmovió hasta las lágrimas. -Antes de que todo termine, tengo algo que mostrarte muchacho- dijo.

Entramos a la casa, que por cuestiones laborales había visitado en mas de una ocasión, lo que hacía mas extraño que nunca haya conocido a la hermana de Lorenzo en vida. La situación me hizo pensar en historias de terror que había leído de joven en novelas de S. K. Tras la puerta del patio de servicio existía otra puerta sin perilla, unas escaleras bien iluminadas mostraban el camino hacia un sótano y mi sorpresa no era por conocer la casa, pues si bien nunca la recorrí mas allá de la estancia, el estudio y el baño de visitas, no era una casa que aparentara tener sótano, menos uno tan amplio como finalmente me mostraría Lorenzo.

Una especie de cuarto de lectura bien acondicionado de unos seis por ocho, con baño. Al centro una mesa, muchos libros apilados por todas partes y jarrones viejos que parecían haber sido reparados, a pesar de todos los objetos decorativos que había el orden podía verse, detalles en la posición de los muebles y la buena iluminación hacían de aquel un cuarto acogedor << no es un lugar donde asesinarían a alguien>> pensé.

-Soy viejo, he aprendido tanto como he querido, he leído y viví muchas cosas que la gente jamás creerá- comenzó Lorenzo mientras se sentaba en el sofá mas grande, yo me aproximé y tomé un banco para verlo de frente, supuse que eso era lo que él quería.
-Tengo ochenta y seis años, diez años mas de los que mi padre vivió, mi hermana acaba de fallecer a sus noventa y un años- Aquí mi expresión cambió, claro podría creerle a este hombre que su edad era tal, conocí a un hombre de noventa años que aún caminaba y conversaba muy lúcido, incluso cuidándose mucho podría imaginar que a los ochenta y tantos se puede tener esa imagen, pero la hermana, de quien nunca mencionó Lorenzo su nombre y yo no pregunté, esa mujer ni de broma, ni con cirugías podría parecer de treinta y robarle sesenta años a la muerte, mi mueca fue evidente  -lo sé, lo sé- me dijo tratando de convencerme -yo me he descuidado mas que ella, además no es mi hermana biológica, pero es cierto que hemos vivido juntos muchas décadas, debes saber que lo que voy a mostrarte no es sólo una reliquia histórica, también es un objeto ilegal, y además funciona solo con otro objeto que poco va a gustarte- se agachó al piso, de la nada levantó una compuerta de donde sacó una caja mediana.
-Aquí está el secreto de la vida, la larga vida, una juventud interminable que trae consigo un precio de fe-  mi mirada no podría ser mas inconforme, la situación ahora me parecía absurda. -Sé que esto no es nada científico, pero debes creer, mírame, aun podría vivir cincuenta años más, pero sólo lo que esta aquí dentro decide tu tiempo, y no parece que quiera darme mucho más-

Era absurdo, claro que Lorenzo aparentaba ser un hombre joven, tal vez demasiado, pero que me estuviera mostrando el secreto de la vida eterna me resultaba absurdo, hasta cómico, me pasó por la mente que alguien del trabajo me estuviera jugando una mala broma, pero Lorenzo no se prestaría para tal cosa, mucho menos el día de la muerte de su hermana, o concubina, o lo que fuera en realidad.
-Creo que tendremos que dejarlo para otra ocasión- le dije mientras me incorporaba.
-Entiendo, ni yo mismo lo creí hasta experimentarlo, en aquel entonces mi mente y cuerpo estaban cansados, moría lentamente, créeme, debes escucharme, no hay nadie más a quien dejarle esto- su mirada ya mostraba ansiedad y miedo, tomé asiento y escuche lo que Lorenzo tenía por contar.

-Ésto, es el cuerno- decía mientras sacaba de la caja algo que efectivamente parecía un cuerno de rinoceronte. -durante la Inquisición se buscaron los tesoros mas misteriosos y con cualidades especiales que pudieran validar en manos de quien lo poseyera los milagros que a su fe le hicieran mérito, es así como un hombre, un inquisidor obtuvo esto, este cuerno perteneció a un animal muy semejante a un rinoceronte. El creía que lamer el cuerno le daba poderes, lo sanaba, y era cierto, pero al mismo tiempo lo volvió loco, algo en él estaba devorando su cordura. Un día el inquisidor capturó a un hombre Judío que también poseía una reliquia, tras un año de torturas reveló que era el corazón de un joven al que se lo habrían sacado como parte de un ritual, le enseñó sus secretos a cambio de dejarle ir, pero al final el inquisidor lo mandó matar en la hoguera- Se detuvo de golpe, se daba cuenta que la historia no tenía un pelo de creíble y que yo estaba a punto de levantarme e irme molesto por lo que me contaba.

Su expresión se tornó seria, sacó de la caja un saco sucio, del tamaño de un puño, puso ambos objetos en la mesa de centro y los observamos durante un minuto, traté de memorizar los detalles, ambos parecían de poco valor.

-Es simple, el cuerno te da salud, si algo duele es señal de que hay una falla en tu cuerpo, al lamer el cuerno sanarás en poco tiempo, el saco contiene el corazón de aquel joven, otorga algo semejante a la inmortalidad, pues a pesar de que su poseedor no muere su cuerpo si lo va haciendo, al final los dueños pueden ser cuerpos putrefactos sin fuerza por la atrofia de sus músculos pero la vida no les abandonará y la agonía los invadirá hasta caer en la locura, pero ambos objetos, en conjunto ofrecen una vida plena y la sensación de otra inmortalidad, el precio es alto, pues ningún poseedor de ambos objetos tuvo descendencia, incluyéndome.- Lorenzo se acomodó nuevamente en el sofá. -La mente hasta donde la conocemos puede ser estudiada como una actividad eléctrica dentro de nuestro órgano mas desarrollado, lo mas probable sería que sanar con el cuerno también lo incluyera, pero lamentablemente no es así, el primer dueño de los tesoros murió de esquizofrenia, loco y solo, aislado en un templo. A todos nos ocurre algo semejante, la mente comienza a perder rumbo, empezamos a perder la noción del tiempo, una hora parece un mes, una semana puede transcurrir al tiempo que antes percibíamos como un año, una serie de situaciones que poco a poco nos matarían, pero no lo hacen.- volvió a callar un rato.

Me levanté y caminé hacia el baño, pero la necesidad se esfumó y volví al banco, esta vez miré a Lorenzo en silencio por unos instantes.
-¿Qué quieres de mí? ¿Porqué me muestras esto? - Pregunté
-¿Acaso no es obvio? - alzó la vista hasta que nuestras miradas cruzaron -No podemos morir por mano propia, necesitamos quien siga esto y como única petición está el dar fin. Antes de entrar te dije que pronto yo también moriré, mi mente no es tan fuerte, siento lo cerca que está de esa nube.-
-Me pides que te asesine y me estás diciendo que tu asesinaste a tu hermana -
-Y a cambio te ofrezco una vida asegurada, sin dolor, sin enfermedades.- El tono de su voz se volvió mas imponente.
-Debo pensarlo, necesito tiempo.- Dije
-Esta oportunidad no se repite, necesito que decidas ahora, es la única manera.- Casi suplicaba, agonizaba.

Pasó solo un minuto mientras ambos nos mirábamos, estudiando cada movimiento, analizando cada parpadeo.

-Debo irme Lorenzo- concluí, me levanté de la silla y salí sólo.
Camino a casa me preguntaba que había ocurrido; un hombre me acababa de ofrecer la inmortalidad, ¿Qué podría pasar después? no me importaba, tal vez era buen momento para conocer a alguien, pensar en una familia.

C.
imagen: Andy Warhol-Rinoceronte Negro

sábado, 10 de noviembre de 2018

Van Gogh

“En realidad, no sé qué época del año es la que más me gusta; creo que me gustan todas. Me llama la atención que apenas haya cuadros otoñales de pintores antiguos. En cambio, los modernos adoran el otoño”, escribía Van Gogh en 1873. ¿Y usted? ¿Qué época del año es la que más le gusta?
Vincent van Gogh, La salida de la iglesia de Nuenen (1884-1885)

viernes, 9 de noviembre de 2018

Presentación

Ni enfoques, ni especialización.
Arquitecto, inconforme, introvertido y selectivo. 
¿Qué es la vida, sino la exploración de la conciencia y aquello que se le pone enfrente? 

Las presentaciones largas las dejaré para este recorrido, un diario público que irá mezclando las historias que en mi cabeza se vayan formando, de manera que si en ellas algo hay de verídico solo aquellos que fueran testigos de los hechos tendrán su juicio y veredicto. 

Los viajes, las pinturas y muchos otros restos de historias que no caben en un solo punto de referencia, todo esto es un regalo, eventos que nos han marcado, escritores que nos impulsan y vidas que no deben ser olvidadas. 

¿Acaso es malo ser el villano? ¿Acaso no todos hemos fallado a nuestra ética y valores? Les pido comprensión para cada uno de los personajes de las historias, pues si bien pueden alcanzar la perversión y monstruosidad, siempre hay una razón y sin duda habrá justicia para cada uno. 

Quien no haya amado, no sabrá el dolor esto que trae consigo y la dicha que pocos conservan hasta la ultima pagina de sus libros. 

MACF